Regala Héctor Alejandro vida a otros jóvenes a través de la donación de órganos

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El niño de 12 años murió el 20 de mayo víctima de bullying
CIUDAD DE MÉXICO, 26 de mayo (Al Momento Noticias).- Luego del trago amargo que significó la inesperada muerte de su hijo Héctor Alejandro, a sus 12 años, sus padres decidieron darle continuidad en el tiempo, para que siga jugando, para que siga riendo en el cuerpo de otras personas. Decidieron donar algunos de sus órganos.
Su mamá Rebeca Ramírez Rojas y su padre Francisco Javier Méndez Vargas lo perdieron luego de que su hijo fue víctima de bullying en la secundaria, donde cuatro de sus compañeros le hicieron el “columpio”, que consiste en tomar a alguien de las piernas y los brazos, para luego arrojarlo lo más fuerte y lejos posible contra el cemento o la pared.
En el área de urgencias del Hospital Infantil de Ciudad Victoria, Tamaulipas el diagnóstico fue terrible traumatismo craneoencefálico severo, hematoma epidural, con hemorragia cerebral, y edema cerebral severo.
Fue el 19 de mayo cuando el doctor Martín Arturo Rodríguez Alcocer, director del Centro Nacional de Trasplantes de Tamaulipas, y un equipo médico se acercaron a la familia para informarles que su hijo tenía muerte cerebral, pero que su corazón seguiría latiendo por unas cuántas horas más.
En ese momento, Rebeca hizo una pregunta que jamás pensó haría: Doctor, ¿Cómo puedo hacer para que mi hijo trascienda, para que continúe jugando como lo hacía. Para que siga viviendo. Para que aquí no acabe su vida?
Los médicos ahí presentes plantearon la posibilidad de la donación de órganos bajo todos los protocolos que establece la Ley General de Salud en su capítulo II referente a donación.
Los padres de Héctor Alejandro decidieron donar todos los órganos que fueran viables, salvo sus córneas. “No me pregunte por qué sus córneas no… debe ser porque son los ojos de mi hijo, y esos no quiero que los toquen”, dijo Rebeca Ramírez con entereza.
Era el último encuentro. Rebeca se acercó a su hijo para prometerle que estaría fuerte y de pie para él, para que se hiciera justicia, y que su muerte no quedaría impune.
Rebeca supo que los dos riñones de su hijo “viven”, “funcionan”, en los cuerpos de una niña de 12 años, (la misma edad que tenía su hijo), y un joven de 19 años.